Cómo detectar el dolor en perros y gatos: 10 señales que muchos propietarios pasan por alto

Los perros y los gatos son expertos en ocultar el dolor. A diferencia de las personas, rara vez expresan de forma evidente que algo les duele. De hecho, muchos animales continúan comportándose con aparente normalidad incluso cuando padecen una enfermedad o una lesión importante.

Aprender a reconocer las pequeñas señales puede marcar la diferencia entre detectar un problema a tiempo o permitir que avance sin darnos cuenta.

¿Por qué las mascotas esconden el dolor?

En la naturaleza, mostrar debilidad puede convertir a un animal en un objetivo fácil para los depredadores o hacer que pierda su posición dentro del grupo. Aunque nuestros perros y gatos vivan cómodamente en casa, ese instinto sigue presente.

Por eso es importante prestar atención a los cambios de comportamiento, por pequeños que parezcan.

1. Cambios en el apetito

Uno de los primeros signos de dolor suele ser una disminución del apetito.

Si tu mascota deja de comer, tarda mucho más en terminar su comida o rechaza sus premios favoritos, conviene observar si existen otros síntomas asociados.

2. Se mueve menos de lo habitual

¿Antes corría hacia la puerta cuando cogías la correa y ahora parece dudar?

¿Tu gato ha dejado de subir a sus lugares favoritos?

La pérdida de movilidad o la disminución de la actividad pueden indicar dolor articular, muscular o incluso enfermedades internas.

3. Cambios en la postura

Un animal con dolor suele adoptar posturas diferentes para intentar aliviar las molestias.

Algunas señales pueden ser:

  • Espalda arqueada.
  • Cabeza baja.
  • Cojera.
  • Rigidez al levantarse.
  • Dificultad para subir escaleras.

4. Cambios en el comportamiento

El dolor no siempre se manifiesta físicamente.

Algunas mascotas se vuelven más irritables, otras buscan estar solas y otras, por el contrario, reclaman constantemente la atención de sus propietarios.

Un cambio brusco de personalidad nunca debe ignorarse.

5. Jadeo excesivo o respiración acelerada

Especialmente en perros, el jadeo sin haber realizado ejercicio o cuando la temperatura es normal puede indicar dolor.

En los gatos, una respiración rápida también requiere atención veterinaria.

6. Se lame constantemente una zona del cuerpo

Cuando existe una molestia localizada, es frecuente que el animal lama, muerda o rasque repetidamente la zona afectada.

A veces incluso llega a producirse heridas por el exceso de lamido.

7. Cambios en la higiene

Los gatos son animales extremadamente limpios.

Si dejan de acicalarse o presentan un pelaje descuidado, puede deberse a que el dolor les impide realizar sus rutinas habituales.

En perros también puede observarse un pelaje menos cuidado de lo normal.

8. Alteraciones del sueño

Dormir mucho más de lo habitual, despertarse continuamente o mostrarse inquieto durante la noche pueden ser señales de que algo no va bien.

El descanso suele verse alterado cuando existe dolor persistente.

9. Evita el contacto

Una mascota que normalmente disfruta de las caricias puede comenzar a evitar que la toquen o incluso reaccionar con pequeños gruñidos o bufidos cuando se intenta manipular una zona dolorida.

No siempre significa agresividad; muchas veces es simplemente una forma de protegerse.

10. Cambios en la expresión facial

Aunque a menudo pasan desapercibidos, los animales también expresan el dolor con su rostro.

Algunas señales incluyen:

  • Mirada apagada.
  • Orejas hacia atrás.
  • Ojos entrecerrados.
  • Expresión tensa.
  • Menor interacción con el entorno.

¿Qué debo hacer si sospecho que mi mascota tiene dolor?

Lo más importante es no administrar medicamentos por iniciativa propia.

Muchos fármacos de uso humano pueden resultar peligrosos o incluso tóxicos para perros y gatos.

Si observas varias de estas señales o notas un cambio importante en el comportamiento de tu mascota, lo más recomendable es acudir al veterinario para realizar una exploración completa y determinar la causa del problema.

La mejor herramienta es la observación

Nadie conoce mejor a una mascota que la persona que convive con ella.

Muchas enfermedades comienzan con cambios muy sutiles que solo el propietario puede detectar.

Observar, escuchar y prestar atención a esos pequeños detalles es una de las mejores formas de cuidar su salud y garantizar que, aunque no puedan decir con palabras que les duele algo, reciban la ayuda que necesitan cuanto antes.