Convulsiones en perros y gatos: qué hacer y qué NO hacer durante una crisis
Ver a nuestro perro o gato sufrir una convulsión puede ser una de las experiencias más angustiosas para cualquier propietario.
De repente, el animal puede caer al suelo, ponerse rígido, mover las patas de forma involuntaria, salivar, perder el control de la orina o parecer completamente ausente.
La escena puede resultar aterradora.
Sin embargo, durante una convulsión es fundamental intentar mantener la calma. Lo que hagamos durante esos minutos puede ayudar a evitar lesiones y, sobre todo, a determinar si necesitamos acudir inmediatamente a un servicio de urgencias.
Y existe una regla básica que conviene recordar:
No debemos intentar detener una convulsión sujetando al animal ni introducir las manos en su boca.
¿Qué es exactamente una convulsión?
Una convulsión se produce cuando existe una actividad eléctrica anormal y descontrolada en el cerebro.
Puede manifestarse de diferentes maneras.
En una convulsión generalizada, el animal puede caer al suelo, perder la consciencia, ponerse rígido y realizar movimientos involuntarios de las extremidades. También puede salivar, orinar o defecar involuntariamente.
Pero no todas las convulsiones tienen este aspecto tan evidente.
Algunas pueden ser mucho más sutiles: movimientos repetitivos de la cara, temblores, mirada perdida, movimientos extraños de la cabeza o episodios breves en los que el animal parece desconectado.
Por eso, cualquier episodio sospechoso debería ser valorado por un veterinario.
¿Una convulsión es dolorosa?
Aunque una convulsión puede resultar muy llamativa y angustiosa, durante la propia crisis el animal no necesariamente está experimentando dolor.
Sin embargo, puede sentirse confundido, desorientado o asustado, especialmente durante la fase posterior.
Además, los movimientos involuntarios pueden provocar golpes o lesiones si el animal se encuentra cerca de muebles, escaleras u otros objetos.
Por eso, la prioridad durante la crisis es mantenerlo seguro.
¿Qué hacer durante una convulsión?
1. Mantén la calma
Puede parecer lo más difícil, pero es lo primero que debemos intentar.
Gritar, mover constantemente al animal o intentar despertarlo no detendrá la convulsión.
Respira, observa y actúa de manera controlada.
2. Cronometra la duración
Este punto es especialmente importante.
Cuando estamos viendo una convulsión, unos pocos segundos pueden parecer varios minutos.
Por eso, si es posible, mira la hora cuando comienza y cuando termina.
La duración de la crisis es información muy importante para el veterinario.
Una convulsión que se prolonga durante más de cinco minutos constituye una situación de emergencia y requiere atención veterinaria inmediata.
3. Aleja los objetos que puedan hacerle daño
Si el animal está cerca de una mesa, una silla, un radiador, una escalera u otro objeto contra el que pueda golpearse, retira esos elementos si puedes hacerlo de forma segura.
No es necesario mover al animal continuamente.
Simplemente intenta crear alrededor de él un espacio seguro.
Si está sobre un sofá o una cama y existe riesgo de que caiga, protege la zona para evitar el golpe.
4. Reduce los estímulos
Durante una convulsión puede ser útil disminuir los estímulos del entorno.
Apaga la televisión, reduce el ruido y evita que varias personas se acerquen al animal.
Una habitación tranquila puede ayudar a que el entorno sea menos estresante.
5. Mantén las manos alejadas de su boca
Esta es probablemente la recomendación más importante.
No introduzcas los dedos en la boca de un perro o un gato que está convulsionando.
El animal no va a tragarse la lengua y, debido a los movimientos involuntarios, puede cerrar la mandíbula de manera repentina y provocar una mordedura grave.
No intentes sujetarle la lengua.
No introduzcas objetos en la boca.
No intentes abrirle la mandíbula.
6. Si es posible, graba la crisis
Si puedes hacerlo sin dejar de proteger al animal, un vídeo puede resultar muy útil para el veterinario.
Las imágenes pueden ayudar a diferenciar una convulsión de otros episodios que pueden parecerse a ella.
Además, permiten observar la duración, los movimientos y el comportamiento del animal durante el episodio.
No pongas en peligro tu seguridad ni la del animal para conseguir la grabación.
¿Qué NO debemos hacer?
Existen varios mitos sobre cómo actuar durante una convulsión que pueden ser peligrosos.
❌ No metas la mano en su boca
Es uno de los errores más frecuentes.
Ni siquiera con la intención de evitar que se muerda la lengua.
Los perros y gatos no necesitan que les sujetemos la lengua durante una convulsión.
Además, intentar abrir la boca puede provocar una mordedura accidental.
❌ No intentes sujetarlo
No debemos intentar inmovilizar las patas ni impedir los movimientos de la convulsión.
Los movimientos son involuntarios y tratar de frenarlos físicamente puede provocar lesiones.
Lo correcto es proteger el entorno.
❌ No le grites ni intentes despertarlo
Durante la crisis el animal no está actuando voluntariamente.
Gritarle, zarandearlo o intentar despertarlo no hará que la convulsión termine antes.
❌ No le des comida ni agua durante la crisis
Mientras está convulsionando no debemos intentar darle agua, comida ni medicamentos por la boca.
Existe riesgo de que no pueda tragar correctamente.
Es mejor esperar a que el episodio haya terminado y el animal esté suficientemente consciente.
❌ No administres medicamentos por tu cuenta
Si el animal tiene un tratamiento anticonvulsivo previamente prescrito por su veterinario, debemos seguir exactamente las instrucciones que nos haya proporcionado.
No debemos administrar medicamentos humanos ni modificar una dosis por nuestra cuenta.
Si el veterinario ha establecido un protocolo específico para las crisis, debemos seguirlo.
¿Qué ocurre después de una convulsión?
Cuando termina la crisis comienza una fase que puede ser muy diferente en cada animal.
El perro o gato puede encontrarse:
- Desorientado.
- Confuso.
- Cansado.
- Inquieto.
- Asustado.
- Temporalmente descoordinado.
- Más sensible al contacto.
- Con cambios momentáneos en su comportamiento.
Esta fase puede durar desde unos minutos hasta más tiempo, dependiendo del animal y de la crisis.
Lo recomendable es mantenerlo en un lugar tranquilo y seguro y evitar estímulos innecesarios.
Podemos hablarle con calma y acompañarlo, pero sin forzar el contacto físico si parece incómodo.
¿Cuándo una convulsión es una urgencia?
No todas las convulsiones tienen la misma gravedad.
Sin embargo, existen situaciones en las que debemos buscar atención veterinaria inmediata.
🚨 La convulsión dura más de cinco minutos
Una convulsión prolongada puede provocar un aumento peligroso de la temperatura corporal y otras complicaciones graves.
Una crisis de más de cinco minutos requiere tratamiento veterinario urgente.
🚨 Se producen varias convulsiones seguidas
Si el animal tiene varias crisis en un periodo corto de tiempo, también necesita atención veterinaria urgente.
Las llamadas convulsiones en racimo pueden requerir tratamiento para evitar que la situación progrese.
🚨 No recupera la consciencia
Si después de la convulsión el animal no recupera adecuadamente la consciencia o presenta una alteración grave del estado mental, debemos contactar inmediatamente con un servicio veterinario.
🚨 Hay dificultad para respirar
Una alteración respiratoria después de una convulsión es una situación que requiere valoración urgente.
🚨 Ha sufrido un traumatismo
Si la convulsión se ha producido después de un golpe fuerte, una caída o un accidente, debe ser valorado por un veterinario.
🚨 Existe sospecha de intoxicación
Algunas intoxicaciones pueden provocar convulsiones.
Si sospechamos que el animal ha ingerido un medicamento, producto químico, planta u otra sustancia potencialmente tóxica, debemos acudir rápidamente al veterinario y, si es posible, llevar información o el envase del producto.
¿Y si es la primera convulsión?
Aunque la crisis haya durado poco y el animal se haya recuperado aparentemente bien, una primera convulsión merece una valoración veterinaria.
Una convulsión puede tener diferentes causas.
Entre ellas pueden encontrarse alteraciones metabólicas, intoxicaciones, enfermedades neurológicas, problemas hepáticos o renales, traumatismos y otras patologías.
La epilepsia es solo una de las posibles causas y, en muchos casos, es un diagnóstico que se realiza después de descartar otras posibilidades.
Por eso no debemos asumir automáticamente que nuestro perro o gato “tiene epilepsia” simplemente porque ha sufrido una convulsión.
¿Por qué puede tener convulsiones un perro?
Las causas pueden ser muy variadas.
Dependiendo de la edad y las características del animal, el veterinario puede investigar problemas como:
- Epilepsia.
- Intoxicaciones.
- Alteraciones de la glucosa.
- Alteraciones de electrolitos.
- Enfermedades hepáticas.
- Enfermedades renales.
- Traumatismos.
- Enfermedades inflamatorias o infecciosas.
- Alteraciones estructurales del cerebro.
- Tumores.
Por eso, la investigación de una convulsión puede incluir análisis de sangre y orina y, dependiendo del caso, pruebas de diagnóstico por imagen u otras evaluaciones neurológicas.
¿Y en los gatos?
Los gatos también pueden sufrir convulsiones, aunque las causas y la investigación necesaria pueden diferir de las de los perros.
En gatos, determinadas enfermedades metabólicas, intoxicaciones, alteraciones del hígado, enfermedades infecciosas o problemas neurológicos pueden estar detrás de una crisis.
Al igual que ocurre con los perros, una convulsión no es un diagnóstico en sí mismo.
Es un signo que indica que hay que investigar qué está ocurriendo.
¿Debemos llevar al animal al veterinario después de una crisis?
Si ha sido la primera convulsión, es recomendable consultar con el veterinario aunque el animal parezca haberse recuperado.
El profesional podrá valorar qué pruebas son necesarias y determinar si existe alguna causa subyacente.
Si se trata de un animal que ya tiene un diagnóstico y un tratamiento establecido, debemos seguir el protocolo indicado por su veterinario.
Y si la crisis ha sido prolongada, se ha repetido varias veces o existen otros signos graves, no debemos esperar a que se recupere completamente en casa.
¿Qué información debemos proporcionar al veterinario?
Cuanta más información podamos aportar, mejor.
Puede ser útil anotar:
- Hora a la que comenzó.
- Duración aproximada.
- Cómo empezó.
- Qué movimientos realizó.
- Si perdió la consciencia.
- Si orinó o defecó.
- Cómo se comportó después.
- Si ha ocurrido anteriormente.
- Qué medicamentos está tomando.
- Si pudo tener acceso a algún tóxico.
- Si sufrió recientemente algún golpe o traumatismo.
Y, cuando sea posible, un vídeo de la crisis puede aportar información muy valiosa.
Una convulsión puede asustarnos, pero debemos saber cómo actuar
Cuando un perro o un gato comienza a convulsionar, nuestra reacción natural puede ser intentar sujetarlo, abrirle la boca o hacer algo para que vuelva en sí.
Pero precisamente esas acciones pueden ser contraproducentes.
Lo más importante es recordar:
Protege al animal. Cronometra la crisis. Mantén las manos alejadas de su boca. No intentes sujetarlo. Y contacta con un veterinario cuando corresponda.
Si la crisis dura más de cinco minutos, se repite varias veces, el animal no recupera la consciencia adecuadamente, tiene problemas respiratorios o existe sospecha de intoxicación o traumatismo, debemos tratarlo como una urgencia veterinaria.
En una emergencia, saber qué NO hacer también puede salvar
Una convulsión puede durar solamente unos segundos o convertirse en una situación potencialmente grave.
No podemos controlar cuándo ocurrirá, pero sí podemos estar preparados para actuar correctamente.
No necesitamos convertirnos en veterinarios.
Necesitamos saber cómo proteger a nuestro compañero durante esos minutos y reconocer cuándo la situación requiere atención inmediata.
En Moviecan contamos con atención veterinaria y servicio de urgencias para atender situaciones que requieren una valoración rápida.
Porque cuando nuestra mascota está atravesando una crisis, mantener la calma, saber qué hacer y pedir ayuda a tiempo puede marcar una diferencia enorme.
Ante una convulsión, protege, observa, cronometra y consulta. Y recuerda: nunca introduzcas las manos en su boca ni intentes detener físicamente la crisis.