¿Puede mi mascota tener dolor sin que yo me dé cuenta? Cómo reconocer las señales de dolor en perros y gatos
Cuando pensamos en un animal con dolor, solemos imaginar que llorará, gemirá o mostrará claramente que algo le ocurre.
Sin embargo, esto no siempre es así.
Los perros y los gatos pueden sentir dolor sin manifestarlo de una manera evidente. En algunos casos, las primeras señales son cambios muy sutiles en su comportamiento: dormir más, dejar de saltar, esconderse, comer menos o mostrarse menos interesados en actividades que antes disfrutaban.
Reconocer estos pequeños cambios es importante porque el dolor puede estar relacionado con problemas muy diferentes, desde una lesión puntual hasta enfermedades articulares, dentales, digestivas o internas.
¿Por qué los animales pueden ocultar el dolor?
Los animales no siempre expresan el dolor como lo haría una persona.
Desde el punto de vista evolutivo, mostrar debilidad puede resultar desfavorable para un animal. Por eso, algunos perros y especialmente muchos gatos pueden continuar con parte de su rutina aunque estén experimentando dolor.
Esto significa que que una mascota no llore o no se queje no significa necesariamente que no tenga dolor.
En muchas ocasiones, lo que cambia primero es su comportamiento.
Señales de dolor en perros
Los perros pueden mostrar el dolor de diferentes maneras y no todos reaccionan igual.
Algunas señales que pueden indicar que un perro está experimentando molestias son:
1. Cambios en la movilidad
Uno de los signos más habituales es que el perro deje de realizar movimientos que antes hacía con normalidad.
Por ejemplo:
- Le cuesta levantarse.
- Evita subir escaleras.
- Ya no quiere saltar al sofá o al coche.
- Camina más despacio.
- Aparece una cojera.
- Tiene dificultad para tumbarse o levantarse.
- Deja de correr o jugar.
A veces el propietario interpreta estos cambios simplemente como una consecuencia de la edad.
Sin embargo, envejecer no significa que un perro deba vivir con dolor.
2. Cambios de comportamiento
El dolor también puede modificar el carácter habitual del animal.
Un perro normalmente sociable puede empezar a evitar el contacto, mostrarse más irritable o reaccionar de manera diferente cuando intentamos tocarlo.
También puede ocurrir lo contrario: algunos perros con dolor buscan constantemente la compañía de su propietario.
Lo importante es detectar un cambio respecto a su comportamiento habitual.
3. Dormir más o estar menos activo
Si un perro deja de participar en actividades que antes disfrutaba, puede existir una causa física detrás.
Puede pasar más tiempo tumbado, mostrar menos interés por los paseos o abandonar rápidamente los juegos.
Un descenso progresivo de la actividad puede ser especialmente importante en perros mayores.
4. Cambios en el apetito
El dolor puede provocar una disminución del apetito.
Si un perro que normalmente come con entusiasmo comienza a dejar comida en el recipiente, come más lentamente o rechaza determinados alimentos, conviene observar si existen otros síntomas.
El dolor dental, por ejemplo, puede hacer que comer resulte incómodo.
5. Jadeo o cambios en la respiración
El jadeo puede tener muchas causas normales, como el calor o el ejercicio.
Pero un perro que jadea más de lo habitual estando tranquilo, especialmente si este comportamiento aparece acompañado de inquietud o cambios de postura, puede estar experimentando dolor o algún otro problema de salud.
Si existe dificultad respiratoria, la situación requiere una valoración veterinaria urgente.
¿Cómo saber si un gato tiene dolor?
Reconocer el dolor en los gatos puede resultar todavía más complicado.
Los gatos son animales especialmente buenos ocultando signos de enfermedad y dolor. Por eso, en ellos puede ser más importante observar pequeños cambios en su rutina diaria.
1. Se esconde más de lo habitual
Un gato puede esconderse ocasionalmente porque busca tranquilidad.
Pero si un gato que normalmente interactúa con la familia comienza a pasar gran parte del día debajo de una cama, dentro de un armario o en otros lugares apartados, debemos prestar atención.
El aumento de la conducta de esconderse puede estar relacionado con estrés, miedo, dolor o enfermedad.
2. Deja de saltar
Esta es una señal que puede pasar desapercibida.
Un gato que antes saltaba fácilmente al sofá, a una mesa o a otros lugares elevados y comienza a evitar esos movimientos podría estar experimentando dolor, especialmente en las articulaciones.
También puede subir utilizando otros caminos o quedarse en el suelo cuando antes buscaba habitualmente lugares elevados.
Ese cambio puede ser más significativo de lo que parece.
3. Cambios en el aseo
Los gatos dedican una parte importante del día a su higiene.
Cuando sienten dolor o malestar, pueden reducir considerablemente el aseo.
Como consecuencia, el pelo puede aparecer más descuidado, apelmazado o con un aspecto diferente.
En otros casos ocurre lo contrario: el gato puede lamer de forma excesiva una determinada zona del cuerpo.
4. Cambios en la postura
Un gato con dolor puede adoptar una postura diferente.
Puede permanecer encorvado, moverse con rigidez, mantener la cabeza más baja o buscar determinadas posiciones para descansar.
También puede evitar determinadas posturas que antes adoptaba con normalidad.
5. Cambios en el uso del arenero
Las molestias pueden hacer que el gato modifique su comportamiento relacionado con el arenero.
Puede entrar y salir repetidamente, realizar esfuerzos, maullar al intentar orinar o defecar, o empezar a hacer sus necesidades fuera del lugar habitual.
Estos cambios pueden estar relacionados con diferentes problemas médicos y requieren valoración veterinaria.
Si un gato intenta orinar repetidamente y no consigue hacerlo, especialmente si es macho, se trata de una situación que requiere atención veterinaria urgente.
Señales de dolor que pueden aparecer tanto en perros como en gatos
Aunque cada especie tiene sus particularidades, existen algunos signos que pueden aparecer en ambos animales.
Cambios en la actividad
Deja de jugar, correr o realizar actividades habituales.
Irritabilidad
Reacciona de forma diferente al contacto o parece tener menos paciencia.
Aislamiento
Busca lugares apartados o evita la interacción con la familia.
Alteraciones del apetito
Come menos, deja de comer o presenta dificultades para hacerlo.
Cambios en el sueño
Duerme mucho más o parece incapaz de encontrar una posición cómoda.
Cambios en la postura
Adopta posiciones diferentes para descansar o caminar.
Vocalizaciones diferentes
Puede gemir, maullar más, vocalizar de manera diferente o hacerlo en situaciones concretas.
Lamido excesivo
Puede concentrarse repetidamente en una zona dolorosa.
El dolor dental también puede pasar desapercibido
Los problemas dentales son un buen ejemplo de cómo una mascota puede tener molestias sin que el propietario lo detecte fácilmente.
Un perro o gato puede continuar comiendo aunque tenga dolor en la boca.
Algunas señales que pueden indicar un problema dental son:
- Mal aliento persistente.
- Dificultad para masticar.
- Masticar solo por un lado.
- Dejar caer comida.
- Preferir alimentos blandos.
- Salivación excesiva.
- Encías inflamadas o sangrantes.
- Rechazo al contacto alrededor de la boca.
Las revisiones veterinarias permiten detectar problemas de salud oral que no siempre son evidentes a simple vista.
¿Cómo puedo saber si mi mascota tiene dolor?
No existe una única señal que confirme por sí sola la presencia de dolor.
Lo más importante es observar el conjunto de cambios y compararlo con el comportamiento normal de nuestra mascota.
Pregúntate:
¿Hace las mismas cosas que hacía antes?
¿Se mueve igual?
¿Come con normalidad?
¿Duerme de la misma manera?
¿Busca el contacto como antes?
¿Se asea normalmente?
¿Salta y sube escaleras con facilidad?
¿Utiliza el arenero con normalidad?
Estas preguntas pueden ayudar a detectar cambios que, de otra manera, pasarían desapercibidos.
¿Cuándo debemos acudir al veterinario?
Si sospechas que tu mascota tiene dolor, es recomendable consultar con un veterinario.
La valoración es especialmente importante cuando el dolor:
- Aparece de forma repentina.
- Es intenso.
- Empeora progresivamente.
- Impide caminar o moverse con normalidad.
- Está acompañado de vómitos o diarrea persistentes.
- Provoca pérdida de apetito.
- Aparece junto a dificultad respiratoria.
- Se acompaña de sangrado.
- Está relacionado con un traumatismo.
- Va acompañado de cambios neurológicos.
- Persiste durante varios días.
Algunas situaciones requieren atención urgente, especialmente cuando existe dificultad respiratoria, pérdida de consciencia, dolor intenso, traumatismos graves o imposibilidad para orinar.
No debemos esperar a que nuestra mascota llore
Uno de los errores más habituales es esperar a que el animal manifieste claramente el dolor.
Pero el dolor no siempre se presenta de esa manera.
Una mascota puede simplemente dejar de hacer cosas que antes hacía.
Un perro que ya no quiere subir al sofá.
Un gato que deja de saltar.
Un animal que pasa más tiempo escondido.
Una mascota que deja de jugar.
Todos estos cambios pueden ser importantes.
Observar es una de las mejores herramientas del propietario
Conocer las rutinas de nuestro perro o gato nos permite detectar pequeñas modificaciones antes de que el problema sea más evidente.
Por eso, cuando algo cambia y no encontramos una explicación clara, conviene observar la evolución y consultar con un profesional si el comportamiento persiste.
El veterinario podrá determinar si existe dolor, localizar su posible origen y decidir si son necesarias pruebas complementarias.
Dependiendo de la causa, el tratamiento puede incluir medicación, cambios en la alimentación, tratamiento dental, control del peso, fisioterapia y rehabilitación u otras medidas específicas.
Una mascota que no se queja también puede necesitar ayuda
Los animales no siempre muestran el dolor de forma evidente.
En ocasiones, la señal más importante es simplemente que ya no se comportan como antes.
Aprender a reconocer estos cambios permite actuar antes y puede contribuir a mejorar significativamente su bienestar.
Si notas que tu perro o gato se mueve menos, se esconde, cambia sus hábitos, deja de jugar o muestra cualquier comportamiento que no sea habitual en él, no lo atribuyas automáticamente a la edad o al carácter.
El dolor puede estar detrás de cambios aparentemente pequeños.
En Moviecan, nuestro equipo veterinario puede ayudarte a valorar estos cambios y determinar si existe un problema de salud que necesite atención.
Porque conocer a nuestra mascota y saber reconocer sus señales también es una forma de cuidarla.